viernes, 16 de enero de 2026

El verdadero camino hacia la libertad/ Pablo Aure

Debemos dejar de ver al oficialismo como un grupo en retirada. Figuras como Delcy Rodríguez no están preparando maletas; están perfeccionando un blindaje de ingeniería política y financiera. Ella representa un "aparataje" que maneja las arterias del Estado, pero sobre todo, que entiende y domina el lenguaje del pragmatismo global.

​Aquí reside la clave de nuestra parálisis: estamos donde estamos, en gran medida, por el cálculo de intereses de los Estados Unidos. No es un secreto que, para la potencia del norte, la prioridad no es la pureza democrática, sino la seguridad energética y la contención de flujos migratorios. Sin el tutelaje —o al menos la anuencia— de Washington, ninguna estructura de poder en Venezuela es sostenible a largo plazo. El oficialismo lo sabe y ha pasado de la confrontación ideológica a una oferta de servicios: "nosotros garantizamos el orden y el petróleo; la alternativa es el caos". Es el chantaje de la estabilidad.

¿Sustitución o reinvención?
​Esto nos lleva a una interrogante sombría: ¿Hasta cuándo tendremos esa "protección" o tolerancia externa? Si el mundo percibe que el cambio democrático es sinónimo de inestabilidad, los centros de poder preferirán el tutelaje de una tiranía ordenada sobre una transición incierta.
​Por eso, más que una sustitución clásica en el poder, lo que estamos presenciando es un intento de reinvención del sistema. El régimen no busca irse; busca mutar hacia un modelo que sea digerible para los intereses estadounidenses. Una suerte de "autoritarismo funcional" que mantenga las apariencias necesarias para que las sanciones se diluyan mientras el control interno permanece intacto.

De la legitimidad al ejercicio del mando
​Nadie puede cuestionar el fenómeno histórico de María Corina Machado. Su legitimidad es un muro ético infranqueable. Sin embargo, hay que hablar con crudeza: la legitimidad, por sí sola, no controla fronteras ni desarticula estructuras de inteligencia. El desafío de María Corina no es seguir sumando voluntades, sino cómo quebrar la obediencia de un sistema que Delcy y su entorno han aceitado para que parezca la única opción viable ante los ojos de la Casa Blanca.
​Si esa inmensa fuerza ética no se traduce en una capacidad real de ofrecer una garantía de estabilidad superior a la que hoy ofrece el régimen, corremos el riesgo de quedar atrapados en una "paz cosmética", diseñada para lavar la cara de quienes quebraron al país bajo la mirada cómplice de un mundo que ya no busca justicia, sino resultados.

El realismo como único remedio
​La comunidad internacional no busca causas perdidas. Si permitimos que el régimen se venda como el único capaz de garantizar "orden", la libertad será sacrificada en el altar de la geopolítica.
​Entender que el adversario es hábil y que juega a la supervivencia mediante la utilidad estratégica no es claudicar; es la condición mínima para vencerlo. Como dijo Serrat: "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio". Pero el remedio para Venezuela existe, siempre que estemos dispuestos a leer el poder con la mente fría y entendamos que la batalla no es solo en las calles, sino en los despachos donde se decide qué pieza del tablero es más útil para el interés global.

Pablo Aure

jueves, 8 de enero de 2026

La política como apostolado/ Pablo Aure

La política como apostolado: autenticidad frente a la adulación

¿En qué momento la política en Venezuela dejó de ser un servicio al pueblo para convertirse en un negocio de unos pocos?
¿Cuándo aceptamos que el liderazgo se mide por la capacidad de adular en lugar de por las ideas y la lealtad al bien común?

Yo me hago estas preguntas todos los días. Y por eso hoy quiero compartir lo que para mí significa hacer política de verdad.
La política, para mí, no es un oficio ni una forma de ganarme la vida. Es una decisión profunda de involucrarme en los problemas públicos y poner en práctica las ideas que brotan de mis convicciones más íntimas. Para algunos es un negocio; para mí (y para quienes pensamos igual) es un apostolado: una manera de entregar la vida al servicio de una causa mayor, el bien común. Lamentablemente, cuando la política se convierte en un medio de vida o en una escalera personal, la traición se vuelve moneda corriente. He visto cómo abundan los que apagan la luz de quienes los rodean por miedo a que brillen más que ellos. Prefieren rodearse de aduladores que de talentos, porque carecen de ideas propias y necesitan aferrarse al liderazgo de alguien a quien consideran “superior”, “superdotado” o “ungido”. Y lo peor es que muchos líderes sucumben a esa adulación barata y premian la "lealtad" ciega por encima del mérito. En Venezuela lo he visto repetirse tanto en el oficialismo como en la oposición: una dignidad de liderazgo súper devaluada que carece de ideología, donde la inseguridad y la falta de convicciones propias empujan a muchos a trepar a costa de la servilidad.
Yo jamás he traicionado a quienes me han acompañado ni a quienes yo he acompañado. Al contrario, me llena de orgullo ver brillar a quienes caminan conmigo. Toda mi vida he sido enemigo de la adulación; quizá por eso nunca he calado del todo en los partidos tradicionales, porque mi franqueza incomoda a quienes sí la practican y la necesitan. Nunca me he callado. Siempre he dicho lo que siento, aunque eso me haya generado enojos, distanciamientos y separaciones. Pero confieso con tranquilidad: de ninguna de esas rupturas por defender mis convicciones me he arrepentido. El tiempo, hasta ahora, siempre me ha dado la razón. Ser auténtico es la única forma de estar en paz con la propia conciencia y de ganar credibilidad, tanto entre amigos como entre adversarios.
La política es permanente, y yo seguiré aquí: en mi trinchera, expresando mis ideas sin miedo, contribuyendo con lo que pueda a construir el país de mis sueños.
Pablo Aure

viernes, 2 de enero de 2026

Desafíos de los docentes contratados UC/ Pablo Aure

La provisionalidad ilegal y selectiva en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad de Carabobo: un instrumento de control en medio de la crisis institucional venezolana


La Universidad de Carabobo, con sus siete facultades, enfrenta desafíos profundos en su autonomía y calidad académica. Sin embargo, un fenómeno particularmente alarmante y exclusivo se observa en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas: según datos conservadores, al menos el 80% de los profesores son contratados o provisorios, sin estabilidad ni ingreso por concurso público de oposición. El último gran llamado masivo a concursos para profesores ordinarios ocurrió durante mi gestión como decano, hace más de 18 años. Esta situación no solo es irregular, sino ilegal, ya que contradice directamente lo establecido en el Estatuto del Personal Docente y de Investigación de la Universidad de Carabobo, que regula la provisionalidad como medida excepcional y temporal, no como norma perpetua.

En el resto de las facultades de la UC, esta provisionalidad masiva no se replica. Por el contrario, vemos el extremo opuesto en la Facultad de Educación, donde los concursos se han incrementado de manera desproporcional a la demanda estudiantil: menos estudiantes, pero más profesores ingresados por oposición. Mientras en Derecho hay una alta demanda de cupos y formación, pero escasos concursos, en Educación sobran plazas estables ante una matrícula menguante. Esta asimetría no es casual ni se explica por factores administrativos neutros; responde a una intención clara de mantener el control absoluto sobre la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas mediante la inestabilidad laboral docente, haciendo a los profesores vulnerables a presiones y discrecionalidades.

Esta irregularidad no se observa en el resto de las universidades públicas del país, donde la crisis general —con deserción de hasta el 45% de profesores por salarios precarios y falta de recursos— afecta de manera más uniforme, sin esta selectividad flagrante. En Venezuela, las instituciones autónomas como las universidades sufren asfixia presupuestaria y paralización de mecanismos de renovación, pero el caso de la FCJP-UC destaca por su carácter dirigido y violatorio de normativas internas.

Este patrón guarda un paralelismo inquietante con la crisis del sistema judicial venezolano, donde alrededor del 80-85% de los jueces son provisorios —un legado de la "emergencia judicial" de 1999-2000 que se volvió permanente, con destituciones masivas y ausencia de concursos—. En ambos ámbitos, la provisionalidad masiva erosiona la independencia: en los tribunales, somete a los jueces a influencias externas; en la universidad, debilita la formación de juristas críticos y autónomos.

Es imperativo demandar: concursos públicos inmediatos y transparentes en la FCJP-UC, respetando el Estatuto y restaurando la autonomía. Solo así evitaremos que esta inestabilidad selectiva perpetúe el control y el declive. La universidad no es un feudo; es un pilar de la democracia.

Pablo Aure

Secretario UC

jueves, 1 de enero de 2026

Reflexiones al iniciar el 2026: por la institucionalidad y el alma de nuestra UC/Pablo Aure

Queridos compañeros y amigos de la comunidad universitaria de Carabobo:

Al iniciar este año 2026, con el corazón lleno de


gratitud por los aprendizajes del pasado y de esperanza por lo que vendrá, siento la necesidad de compartir con ustedes una reflexión profunda sobre nuestra institución, que tanto amo y a la que he dedicado gran parte de mi vida.

La Universidad, en su esencia, es un espacio sagrado de pluralidad, diálogo racional y respeto a las ideas diversas. Debe ser el faro que ilumine el camino hacia la justicia, la libertad y el bien común en nuestra sociedad. Sin embargo, como seres humanos inmersos en la condición histórica, sabemos que las instituciones no están exentas de la tensión eterna entre el bien y el mal, entre lo que eleva al colectivo y lo que prioriza intereses particulares.

En el año que acaba de concluir, como Secretario de esta casa de estudios —cargo que he ejercido con profundo compromiso desde hace años—, he sido testigo y parte de esfuerzos por defender los pilares fundamentales de nuestra institucionalidad. La Secretaría UC, desde su creación (reapertura UC 1958), ha cumplido funciones primordiales que garantizan el equilibrio de poderes y el funcionamiento democrático de la Universidad. Hoy, con dolor pero sin resentimiento, observo cómo se intenta menoscabar esas atribuciones esenciales, concentrando un poder que, por su naturaleza, debería ser compartido y orientado exclusivamente al servicio de la comunidad universitaria.

Este proceso no es solo administrativo: es un torpedo dirigido al corazón de la institucionalidad que hemos construido generaciones enteras. Duele ver herida de muerte la estructura que sostiene nuestra autonomía y nuestro compromiso con la excelencia académica. Duele, sobre todo, porque en medio de esta lucha por preservar lo justo, el hambre y las necesidades de nuestros compañeros —profesores, empleados y administrativos— siguen apretando, mientras las voces que deberían escucharlos parecen ignorar su clamor.

No hablo desde el rencor, sino desde el amor profundo por esta Universidad, por mis compañeros y, en definitiva, por nuestro país. Las universidades autónomas son baluartes de la libertad de pensamiento y de la justicia social; cuando se debilita su institucionalidad, se oscurece el faro que debe guiar a la nación hacia un futuro mejor.

En este 2026, que intuyo será un año de batalla política, judicial y laboral en defensa de lo correcto, me asaltan preguntas humildes pero esenciales: ¿Cómo seguir contribuyendo, con serenidad y firmeza, a restaurar el equilibrio institucional? ¿Cuál es el camino que nos permita, sin odio ni revancha, recuperar la Universidad para todos, especialmente para aquellos que más sufren las consecuencias de las decisiones desiguales?

Pido a Dios sabiduría y fortaleza para actuar siempre con altura, guiado por los principios de justicia y servicio que nos unen como comunidad académica. Que este nuevo año nos encuentre unidos en la defensa serena de nuestra institución, con la familia en primer lugar y el compromiso inquebrantable con el bien común.

Con afecto, respeto y esperanza, les extiendo un apretado abrazo._

Pablo Aure
Secretario de la Universidad de Carabobo

lunes, 15 de diciembre de 2025

La mujer del César en tiempos de intolerancia/ Pablo Aure

 El antiguo dicho romano, atribuido a Julio César

—“La mujer del César no solo debe ser honesta, sino también parecerlo”—, nos recuerda una verdad profunda sobre la vida pública y la percepción humana. En su origen, César se divorció de su esposa Pompeya no porque dudara de su fidelidad, sino porque una mera sospecha, por infundada que fuera, podía manchar la imagen de quien ostenta una posición de responsabilidad. La apariencia de integridad, en ciertos contextos, se vuelve tan crucial como la integridad misma.

Sin embargo, en nuestros días, este principio a menudo se invierte o se manipula. Muchos lo esgrimen no para exigir mayor transparencia a quienes detentan poder, sino como arma para descalificar a quienes osan pensar diferente. Cuando alguien defiende sus convicciones con argumentos firmes, expresa descontentos de frente y rechaza la adulación fácil, de pronto se le exige no solo “ser” correcto, sino “parecerlo” según el criterio de la mayoría o del poder establecido. Y si no encaja en esa imagen prefabricada —si genera “escándalos” al cuestionar lo cuestionable—, entonces se le tacha de problemático, se insinúa que necesita “análisis” o se recurre a mecanismos institucionales para silenciarlo o equipararlo al bando contrario.Es paradójico: quienes más invocan la necesidad de “parecerlo” suelen ser los que menos toleran que otros sean auténticos. Prefieren la uniformidad complaciente a la diversidad de voces; la adulación al debate honesto. Pero la verdadera rectitud no se mide por la aprobación del grupo dominante, sino por la coherencia interna y el coraje de sostener posiciones con argumentos, incluso contra la corriente.Luchar por principios en entornos donde el poder institucional inclina la balanza es agotador, pero también noble. Al final, la historia y la comunidad —esa que ve más allá de las apariencias manipuladas— suelen reconocer a quienes mantuvieron su integridad sin doblegarse. Porque no basta con parecer honesto para serlo; hay que serlo, aunque a veces eso signifique no parecerlo a ojos de quienes prefieren la comodidad del silencio.Pablo Aure 

domingo, 7 de diciembre de 2025

En defensa de la UC y de la verdad/ Pablo Aure

 Valencia, 7 de diciembre de 2025


Declaración del Prof. Pablo Aure, Secretario de la Universidad de Carabobo


A la comunidad universitaria de la Universidad de Carabobo

A los estudiantes, profesores, empleados, obreros, egresados y a todos los venezolanos a quienes aún les duele el corazón cuando ven profanada esta casa de estudios que durante más de cien años ha sido faro de luz, libertad y esperanza para Carabobo y para Venezuela: Hoy me dirijo a ustedes no como víctima, sino como testigo y guardián de una institución que nos pertenece a todos. Durante años he denunciado, con documentos y argumentos en la mano, prácticas que atentan contra la esencia misma de nuestra universidad pública: Cobros a estudiantes de pregrado que violan abiertamente el artículo 103 de la Constitución de la República, que consagra la gratuidad de la educación universitaria dependiente del Estado. Interpuse la demanda correspondiente y la sostengo con firmeza, porque nadie puede lucrarse a costa del derecho constitucional de nuestros jóvenes.

La proliferación de fundaciones y unidades paralelas que manejan grandes sumas de dinero en divisas y en muchos casos en efectivo, al margen de los controles propios de la administración pública, generando una opacidad incompatible con la naturaleza de una universidad nacional autónoma.

La negativa sistemática a rendir cuentas claras sobre los ingresos propios, mientras se niega a los trabajadores universitarios —que sostienen esta institución con su esfuerzo diario— un bono complementario digno y equitativo.

El uso indebido de la representación institucional: nadie, ni siquiera la máxima autoridad, puede hablar en nombre de toda la comunidad universitaria en eventos político-partidistas. Cuando la ciudadana rectora Jessy Divo lo hizo, le recordé con respeto pero con claridad que en mi nombre no hablaba. Esa verdad, dicha en defensa de nuestra autonomía, desencadenó la furia.

A partir de ese momento se desató una cadena de actos antiacadémicos, arbitrarios, inconstitucionales e ilegales: La intervención de facto de la Secretaría de la Universidad de Carabobo, uno de los cuatro pilares históricos de nuestra institución, creado hace casi setenta años en la reapertura de 1958 y nunca alguien se atrevió a tal afrenta: suprimir sus competencias.

Les recuerdo que el mismo día que se eligió a la ciudadana rectora, el claustro también nos eligió a los dos vicerectores y al secretario con competencias muy bien definidas que se han mantenido durante 70 años.

En un acto de arrebato, -pues no tiene otro calificativo- abusando de su poder la ciudadana rectora valiéndose de una mayoría circunstancial en el Consejo Universitario  pensó que podía hacerlo sin violar normas y principios que reciben la materia administrativa y emprendió a la supresión de competencias que la Ley de Universidades y nuestros estatutos asignan exclusivamente a la Secretaría, centralizando todo el poder administrativo y organizacional en manos de una sola persona: ¡la rectora!

Es indignante -por decir lo menos- que desde toda la vida hemos defendido la libertad de expresión por ser la Universidad cuna de la pluralidad de ideas; la ciudadana rectora presentó una denuncia penal en mi contra por supuesta “instigación al odio”, utilizando la _"Ley Contra el Odio"_ como herramienta de persecución contra quien ha elevado la voz por defender la transparencia, la gratuidad y la autonomía universitaria.

Estos actos no son errores administrativos: son una venganza personal que está destruyendo la institucionalidad centenaria. Por eso digo con toda responsabilidad: La ciudadana rectora Jessy Divo de Romero ha perdido la autoridad y la capacidad objetiva para seguir dirigiendo esta universidad.

Los decanos —electos o impuestos— que avalan y ejecutan estas arbitrariedades han demostrado que sus intereses no están en la academia, sino en la oscuridad y en el control. Mientras ellos protegen sus privilegios, nosotros protegemos a la Universidad de Carabobo. 

Anuncio a la comunidad que he participado a los órganos internos de la UC (despacho rectoral, vicerectorado administrativo, auditoría interna y a dirección de administración entre otras dependencias) que iniciaré todas las acciones civiles, contencioso-administrativas y penales necesarias para: Restablecer a la Secretaría de la Universidad de Carabobo sus funciones y competencias plenas.  

Anular toda decisión ilegal que la haya intervenido o suprimido.

Exigir la rendición de cuentas completa de todos los ingresos propios. Sin que sirva de excusa lo inexcusable como lo hizo la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas en el reciente curso introductorio que se negó remitir a la Secretaría listado de inscritos en los cursos introductorios, bajo el disparatado argumento de proteger la data de los menores ( que me imagino ya son mayores) y lo peor aún contó con el aval de la ciudadana rectora y del CU. Esperemos que ante los organismos externos puedan consignarse llamados a declarar cada uno de los participantes y que expresen el monto y la manera de efectuar el pago de ese curso que extraoficialmente solo en agosto recaudaron más de cien mil dólares $100.000)

Garantizar la gratuidad real del pregrado y el destino justo de los recursos hacia el bienestar de quienes hacemos universidad todos los días.

No pido venganza. ¡Pido justicia!

No pido privilegios. Pido institucionalidad.

No pido silencio. Pido que la verdad resuene en cada aula, en cada pasillo, en cada corazón ucista. A mis compañeros profesores, empleados y obreros:

los que hoy cobran salarios de hambre mientras otros manejan cuantiosas sumas sin rendir cuentas,

los que siguen viniendo aunque les cueste el pasaje,

los que aún creen que esta universidad puede volver a ser lo que fue:

¡no están solos! Esta lucha no es mía. Es nuestra.

Y la vamos a ganar con la fuerza de la razón, con la solidez del derecho y con el amor inmenso que le tenemos a esta casa que nos formó y a la que le debemos todo. Porque la Universidad de Carabobo no es de quien la ocupa.

Es de quien la ama, la defiende y la sueña grande otra vez. Con la frente en alto y el corazón lleno de esperanza,

hasta que recuperemos y le volvamos a hacer honor a nuestro eslogan que la UC es "luz de una tierra inmortal"

PD

Jamás utilizo intermediarios, voceros ni terceros para defender a mi universidad, mis creencias, mi ideología o para denunciar cualquier situación; siempre hablo por mí mismo, con mi propia voz y de manera directa.

Prof. Pablo Aure

Secretario de la Universidad de Carabobo

Catedrático de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas

viernes, 5 de diciembre de 2025

Nadaré contra la corriente hasta que mi corazón deje de latir / Pablo Aure

Hermanos venezolanos compañeros

universitarios, lo digo desde lo más profundo del corazón, con el alma hecha trizas después de tantos años de lucha: estoy cansado, como tantos de ustedes, de esta zozobra que nos consume día a día. Las redes están llenas de rumores que nos quitan el sueño: que si los barcos de guerra se acercan o se alejan, que si el ultimátum de Trump, que si Maduro come hallacas en Navidad o se va antes, que si hay apuestas sobre cuándo cae Miraflores... Todo eso nos genera una ansiedad terrible, una incertidumbre que nos roba la paz y nos hace cuestionar todo.

Venezuela es un caos absoluto, y mientras esto siga así, se seguirán generando vicios en todos los niveles. Incluso instituciones que otrora se vanagloriaban de su autonomía —como nuestras universidades— hoy tienen directivos que buscan padrinos en el oficialismo para garantizar sus acciones, acciones que desdicen completamente de lo que se enseña en los salones de clases. Yo soy autoridad en una de las cinco universidades "autónomas" del país —la Universidad de Carabobo, fundada sobre los principios de libertad y responsabilidad que nos legó su primer rector, el insigne Alejo Zuloaga— y veo, con un dolor que lacera el alma, cómo se entrega a lo que siempre he combatido con vehemencia. No es fácil luchar contra un sistema que ha hecho metástasis hasta en lo que nuestro rector magnífico Alejo Zuloaga llamó "la escuela de la responsabilidad". He enfrentado juicios y también he estado preso por no callarme ante el autoritarismo; eso es lo que hay dentro y fuera de estas instituciones. Y hoy, en la Universidad de Carabobo, el drama se agrava hasta lo insoportable: auditores que no auditan,  sino que miran hacia otro lado; consejeros que complacen los caprichos de la máxima autoridad, creyendo vengarse de mis luchas por reclamar distribución justa de los ingresos propios, y como si fuera poco el hecho de vengarse por la verdad que expreso en mis denuncias, utilizan métodos que destruyen la institución misma. Pero que se entienda bien, no le hacen daño a Pablo Aure: le hacen daño a la Secretaría de la Universidad de Carabobo, que es tan autoridad como la rectora y los vicerrectores, aunque con competencias distintas y esenciales para el equilibrio institucional. Con actos arbitrarios, abusando del poder y de la confianza legítima que el cargo confiere, desmantelan hoy la Secretaría y amenazan al secretario al punto de denunciarlo por instigar al odio. En privado, le confesaba recientemente a un profesor joven, dirigente de una generación de relevo: _"...estoy muy decepcionado, casi frustrado. Lo que veo en la UC es apatía, conformismo, mezquindad y negocios, literalmente es una franquicia muy lucrativa. Hay miedo... Ojalá puedas seguir cultivando liderazgo. Tú estás mucho más joven que yo. Tengo fuerza, pero siento latigazos en el alma al ver cómo muere lo que nos enseñó a vivir, a razonar y a luchar por nuestras ideas, y han hipotecado el poder a quien nos estafó los sueños. Las autoridades decanales y rectorales se convirtieron en un principio en sus cómplices necesarios y hoy  son los verdugos de la disidencia. Y mientras eso ocurre los sindicatos hacen mutis, empleados, obreros docentes y estudiantes sin organización que los aglutine para juntos poder defenderse ante el monstruo en que se han convertido por el paso del tiempo.  Vaya desdicha en la que estamos sumergidos"_
*Seguiré nadando contra la corriente y solo me callaré cuando mi corazón deje de latir*. Que mi legado lo vean mis hijos y mis nietos en lo que fue mi hoja de vida, y si a alguien se le ocurre escribir algo después de mi muerte, que no olvide el detalle de decir que: partió un ciudadano que jamás sucumbió a las tentaciones del poder ni del dinero. Yo, como muchos, quiero saber la verdad: ¿habrá realmente un cambio de gobierno en el país? ¿Cómo sería esa transición, ordenada o caótica? No basta con soñar con un país libre, próspero, donde volvamos a ser felices y unidos y también transformar de raíz este modelo universitario el cual caducó hace rato.
El problema es cómo llegar a ese cambio. Llevo 25 años luchando contra este sistema de gobierno, con el alma puesta en esta causa, sin rendirme nunca. No soy ningún "normalizador", como algunos pudieran etiquetar a quienes expresamos esta fatiga; al contrario, es precisamente porque amo a Venezuela que duele tanto ver cómo seguimos atrapados en discursos bonitos, promesas llenas de lugares comunes  y esperanzas que se diluyen una y otra vez. Lo peor de todo, y lo digo con pena en el pecho, es que esto no depende de nosotros, del pueblo que resiste día a día. Depende de la mente de Trump, de los intereses de las grandes potencias, de ese gran tablero geopolítico donde Venezuela no es más que una ficha. Nos negocian a espaldas nuestras, y lo único que podemos hacer es rezar para que, en ese negocio cruel, salgamos lo mejor parados posible, con el menor daño para nuestra gente. Sé que muchos se sienten igual: agotados, pero con la llama de la esperanza aún encendida.
Para finalizar esta confesión que desde hace tiempo llevaba in pectore les pido que nunca  perdamos la fe porque Dios es grande y misericordioso, como la batalla de Lepanto  tendremos a esa Venezuela que anhelamos. Unidos, con el corazón en la mano, resistiremos.
¡Apretado abrazo hermanos Venezolanos!
_"Nada te turbe nada te espante..."_
Pablo Aure